Vamos a ser sinceros: todos la hemos cagado al empezar. Los primeros directos son un festival de trenes descarrilando y graves peleándose, y no pasa nada, es parte del juego. Pero hay unos cuantos errores que cometemos absolutamente todos, y saberlos de antemano te ahorra meses de vicios raros. Aquí van los clásicos, para que tú te los saltes.
Enchufarte al SYNC como si fuera una respiración asistida
El botón de sync te cuadra los tempos solito, y oye, para arrancar genial. El drama es quedarse ahí para siempre. Porque el día que el sync se raye (o pinches en un equipo que no lo tiene), te quedas más vendido que un helado en agosto. Úsalo al principio si te hace falta, pero ponte cuanto antes a cuadrar los bombos a mano. Es lo que separa a un DJ de alguien que le da a un botón y reza.
Mezclar con los dos graves a todo trapo
El pecado capital del sonido. Dejas los dos bombos y los dos bajos sonando a la vez y… felicidades, acabas de inventar el barro. Suena fatal y encima satura. La solución es quitarle el grave a uno de los dos mientras haces el cambio, con el EQ o con el filtro. Si esto te suena a chino, pásate por la guía de cuándo usar el filtro: ahí llevas media mezcla resuelta.
Ir siempre con los medidores en rojo
Ojo con esto: si los picos se te van al rojo a todas horas, no estás pinchando más fuerte, estás reventando la señal y ensuciándolo todo. Ajusta la ganancia de cada canal para quedarte en el amarillo, que es donde vive la gente feliz. ¿Que quieres más volumen? Eso es cosa del ampli y los altavoces, no de estrangular el mezclador.
Querer hacer el pino antes de andar
Loops, efectos, scratch, cuatro temas a la vez… todo eso llega, tranqui. Pero al principio tu misión es una y solo una: cuadrar dos temas y hacer un cambio limpio. Domínalo. Un cambio sencillo y bien hecho suena mil veces mejor que veinte trucos a medio gas.
Comprar media tienda el primer día
Spoiler: no necesitas el equipazo de un profesional para tu primera sesión en el cuarto. Empieza con lo justo y ya ampliarás cuando sepas qué DJ quieres ser. Y si no tienes ni idea de por dónde tirar, el buscador te dice qué te pega según tu presupuesto, y lo tienes todo comparado en el directorio. De nada.
Llegar sin la música preparada
Ponerte a rebuscar temas sobre la marcha, con la sala mirándote, es de las peores sensaciones que existen. Dedícale un rato antes a ordenar tu música: marca los cues, ten las carpetas en orden y ten claro qué vas a soltar. En serio, medio bolo se gana en casa, en el sofá.
Abusar del efecto de moda
Un eco o un filtro en el momento clavado es la gloria. El mismo efecto cada dos compases es mareo asegurado, y encima canta que aún no sabes mezclar. Los efectos acompañan, no sustituyen. Con cabeza.
Usar los cascos para escucharte a ti
Los auriculares no son para admirarte, son para preparar el siguiente tema sin que se entere la sala: cuadrarlo y dejarlo a punto antes de subir el volumen. Si pinchas sin prescuchar, básicamente estás jugando a la lotería.
Y ya está
Ninguno de estos errores es para tirarse de los pelos, todos se arreglan practicando. La gracia es pillarlos pronto para no arrastrarlos años. Y si todavía andas dándole vueltas a con qué empezar, pásate por el buscador y te quitas la duda de encima en un minuto.